Las gordas también vamos pa’l cielo

Las gordas también vamos pa’l cielo

Creo haber descubierto una frase memorial: “No hay mujer satisfecha con su cuerpo” y que me perdone el 1% que está feliz siendo como es, pero esto sucede en mi realidad aunque estoy segura de que existen realidades muy diferentes donde las personas no se ven como cuerpos sino como conciencias y es a través de la conciencia como experimentan sus relaciones con ellas mismas, con los demás y con el universo. Pero no te preocupes, porque este artículo está hecho para mujeres que habitan la tridimensionalidad y que al mirarse desnudas en el espejo desean hacerse harakiri.

Mi posición, fácil, contundente y práctica se resume en la siguiente frase que yo escribiría en la gran biblioteca de la humanidad: “Vivir en la tercera dimensión ya es trabajo de heroínas como para añadirle el castigo de una dieta”. ¿Está genial verdad? Si buscas por ahí no encontrarás una frase que reúna tanto amor por lo sencillo, porque déjame decirte que lo fácil es sentarte en la mañana frente a un pan con doble porción de mantequilla más una taza de café, con todo lo que está “prohibido” alrededor. Lo difícil es tener ganas de comerte el pan con mantequilla pero asumir la posición guerrera y valiente de comerte una crujiente rama de apio acompañada con  jugo de pepino sin endulzar o más valiente aún: abrir una lata de atún en agua, mezclarla con lechuga e ingerirla. Óyeme esto merece mi respeto. Si lo disfrutas y no te culpas por ello, adelante! Bendigo el amor que te expresas a ti misma en esta forma. Yo admiro y respeto profundamente a las personas que con el afán de cumplir con su trabajo o de seguir adelante con su imagen, se ven obligadas a tomar este rumbo y las respeto porque yo no podría llevar a cabo tal misión; siempre he seguido a mi voz interior y sin que importe mucho la opinión escrita en las enciclopedias de salud y medicina, procuro estar satisfecha conmigo misma y con lo que hago cada día.

Puede ser que existan muchas mujeres, hombres y niñ@s con obesidad que piensan que no pueden darse el lujo de pensar en conceptos espirituales para estar en paz con sus vidas, porque mientras lo hacen su cuerpo continúa engordando y puede ser que tengan razón, sin embargo (a mi modo de ver), adelgazar por medio de dietas es algo que requiere más amor y más verraquera (en colombiano significa coraje, valor, valentía) de la que se necesita en un camino espiritual.  Yo creo que sí puedes emprender un viaje espiritual con respecto del sobrepeso o de la obesidad. Y puedes hacerlo porque finalmente es lo único que tienes, si ves más allá de tus ojos, la entrega es la función del ser humano inteligente, no es tu mente consciente la que puede llevar el control porque va a encontrar más y más dificultades cada vez.

Es necesario que deposites todos tus miedos en tu Ser Superior o en la Inteligencia Divina (Dios, Buda, Jesús, Espíritu Santo, Presencia, Fuente, etc.), que también es una parte de ti, de la que no eres consciente. El perdonarte completamente es lo único que nadie podrá venderte en paquete tal como los tenis con los cuales caminas y se te dice que puedes bajar hasta 2 kilos por semana, aparte de que te permiten hasta volar si le apuras un poquito, los cds de rumba, zamba, mambo y salsa para que bailes hasta que te canses, los concursos, los jugos, aguas, aparatos, masajes, fajas, pastillas, etc. Entiéndeme, no digo que esto no funcione, tal vez si funcione y felicito de corazón a quien su creencia en estos aparatos o sistemas le permitió bajar de peso; insisto en que lo que para media humanidad puede ser descabellado para la otra mitad es lógico. Sin embargo yo estoy yendo más allá contigo; aunque ya tengas el par de tenis que menciono, dale las gracias y perdónate, agradécete, ámate, bendícete; utiliza (en el mejor sentido) lo que compraste para emprender tu viaje espiritual.

El ejercicio físico es algo fantástico, de hecho se ha demostrado que puede lograr que te veas más joven o que dures más tiempo viviendo en este planeta. No creo que contribuya a perder peso por sí solo, tiene que ir acompañado de una práctica interior. No obstante la clave para que el ejercicio físico cumpla su objetivo es disfrutarlo. Si tú corres 6 kilómetros diarios por pagar una “manda”, si te suscribiste en el gimnasio para observar el “panorama” o si estás en la caminadora esperando que tu hora diaria de práctica se convierta en 5 minutos… olvídalo porque pronto lo dejarás. Así no funciona. Es importante disfrutarlo, de lo contrario tu espíritu quedará más tranquilo si le permites encender el microondas y poner en él un paquete de palomitas de maíz con mantequilla extra, para después sentarte en el sillón a ver una película.  Ninguna de las dos cosas es mala o buena, sólo disfruta lo que elijas. Y esto significa cero remordimientos. Mantente en el aquí y en el ahora, disfruta tus palomitas.

No defiendo la comida chatarra, tampoco la comida saludable porque he sido yo quien finalmente puso esas etiquetas. Lo sano o lo perjudicial son conceptos, son memorias, son datos, son información y es eso lo que estamos borrando.

Ahora hablemos de belleza. Si ya sabes que eres más que un cuerpo físico, si lo que prevalece siempre es esa música que va por dentro de ti, entonces la belleza física se podría definir como una cualidad natural propia de lo interno y no de lo externo; la belleza siempre nace desde un espacio íntimo, desde tu conexión con lo que ves. Si alguien se muestra bello ante tus ojos es porque se trata de tu propia belleza; si le ves fea es porque hay algo dentro de ti por embellecer; si la ves hermosa y perversa, también hay algo por limpiar en ti. Lo bello no puede existir fuera de ti. Tú ya eres bella, espero que te hayas dado cuenta. Es por eso que tienes el cielo en ti, el cielo está en tu corazón, por algo son bellos los cuadros de Botero.

La gordura es un sentimiento, es un recuerdo, es una memoria cuyo inicio no podemos describir de manera exacta y es natural desesperarse, es completamente comprensible el compararse, el dejarse llevar por la moda y por la publicidad. Prácticamente hemos caminado por donde se nos ha dicho. En tiempos antiguos la mujer de las pasarelas era robusta, rellena y en algún momento se decidió que esto no era tan estético como si podía serlo una mujer extremadamente delgada; entonces nosotras absorbimos este nuevo concepto de la belleza porque como mujeres, generalmente estamos atrapadas en la deliciosa ilusión de lo externo, sin tomar en cuenta lo interno y su significado.

Si bien existe una emoción atrapada en el cuerpo en forma de grasa, algo no superado en esta vida, también entra en juego el recuerdo implantado en tu mente, la huella de aquello de lo que no eres totalmente consciente, las vidas de tus antepasados y familiares, tu necesidad de morir. Puede que existan muchas causas pequeñas que te lleven a la causa inicial, de todos modos no es posible averiguarlo, tendrías que viajar hasta donde Eva la mujer de Adán para preguntarle ¿Por qué aceptó la manzana? O tal vez tendrías que viajar más allá, no lo sabes. Por eso lo único que te queda por hacer es: LIMPIAR.

Escucha a tu cuerpo, él es más inteligente que tu mente consciente. Escúchalo cuando me lees, escúchalo cuando tienes hambre, escúchalo cuando estás comiendo, después reconcíliate con él para que puedas hablarle, para que conozcas sus motivos, para que estés en paz sin que importe tu forma física. Comunícate con cualquier comida que tengas frente a ti. Amala, perdónala, libérala y por último pronuncia las 4 palabras que curan o una de ellas, la que más haga eco en ti. Hazlo todo el día. Dile a tu Ser de manera indefinida, sin condiciones, sin requisitos, sin análisis y sin pruebas: “Te amo”. Es todo!

Gracias por leerme.

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