Ojos bellos

Ojos bellos

Resulta que estuve en el supermercado haciendo algunas compras, y dentro del montón de cajas que hay para pagar, elegí una en la cual había una niña de unos 7 años empacando los productos de los clientes. Cuando llegó mi turno ella estaba feliz contando su dinero o mejor dicho las propinas con las cuales se gana la vida, y no prestaba atención a lo que tenía que empacar para mí. Entonces algo en ella me impulsó a decirle: regálame una bolsa y yo te ayudo a empacar mis compras ¿Sí?. Ella me miró a los ojos y a partir de ese momento no dejó de hacerlo mientras introducía los productos en la bolsa. Me miraba fijamente, ni parecía pestañear. Yo me reía al ver su mirada y le guiñaba un ojo, mientras la entrenaba en el fino arte de empacar los productos adecuadamente.

Al parecer, la pequeña no le prestaba mucha atención a mi enseñanza, porque tal vez no daba crédito a que alguien le explicara con una sonrisa, a que alguien en el supermercado le expresara amor mientras empacaba sus propias bolsas. Mi momento feliz llegó cuando me encontré en sus ojos y pensé:

He aquí a uno de mis ancestros; siento como un hilo de plata me une al alma de esta chiquilla sin siquiera conocerla. Y comprendiendo que ella estaba ahí para mí (como muchos otros seres humanos), le dije mentalmente: Por todo aquello que de alguna manera me une contigo, te quiero, te amo y te bendigo.

Le di su propina. Ella sonrió feliz.

La cajera nos miraba y parecía comprender ese lenguaje no verbal, así que le dije:

La mirada y la presencia de tu empacadora (la niña) hacen que este día sea un milagro para mí. La mujer también sonrió.

Lo amé todo. No empañé el momento con ninguna queja. Respeté su camino como es. Nada de que los niños esto, o que este mundo lo otro, o que qué pesar. Nada. No hubo nada de eso. Solo conexión. Respeto.

Es por todo esto que creo que hay que pensar menos y mirar mucho más. Y se mira con el alma, que los ojos no lo saben hacer.

Comprendo que como escribió Roberto Juarroz, el pensar nos roba el mirar.

Salí del lugar con una sonrisa que le quitaba intensidad a las luces del supermercado y feliz por traer a la niña en mi corazón. Ahí continúa.

Gracias por leerme.

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